7 de diciembre de 2011

Don Quijote rodeado de molinos estaba menos nervioso que yo hoy

Por fín llego a casa, al calor del hogar, a la luz de la pantalla del portátil...
Después de un té caliente, cargado de azúcar para remontar este ánimo que se me ha caído por las escaleras mientras veía adornos y más adornos de navidad, paso a relataros mi asqueroso medio día... Y digo medio porque me he levantado a las 12.30 de la mañana, gracias a que mi padre tenía el turno de tarde y me ha podido gritar bien agusto para espabilarme.

Ayer, mientras mis queridos Productores se desquiciaban estudiando e intentaban desequilibrar al resto dejando comentarios histéricos en nuestra foto preguntando que cojones iba a entrar... Yo, al otro lado de la pantalla, leía las preguntas mientras comía galletas de chocolate sin inmutarme. Claro, que luego, a las once y media de la noche, cuando ya no tenía ningún capítulo nuevo que ver de ninguna serie digna de esas que recientemente me han cautivado, me puse a mirarme los apuntes... Y la digestión de las galletas de chocolate se me paralizó. Más de 300 diapositivas, que no quise contarlas exactamente porque el amago de infarto iba a convertirse en mi triste realidad. El sueño se apoderó de mi como las drogas, en su día, se apoderaron de la mente de los guionistas de El Barco y me arrastré a la cama pesadamente. Y me pesaba la conciencia, no vayáis a pensar que eran las galletas porque no. Eran lights. Y sin azúcar.
Me puse el despertador a las 8.00 y me dije: Venga, mañana te levantas a tope, estudias y te alisas el pelo.

Obviamente, el despertador se ha apiadado de mi y no ha sonado. Mi todopoderosa BlackBerry (sí, es de esas que se pillan puente porque le sale de sus teclas centrales), ha debido de sonar tan bajo que no lo ha escuchado ni la almohada. Asique, alterada por los griteríos de mi padre, en plan dramático como Escarlata O'Hara en 'Lo que el viento se llevó' me ha jurado que nunca más volveré a levantarme a la hora del vermú. Sin tiempo para alisarme mi melena de leona en tributo al gran Mufasa, me he mirado por encima el tema que me quedaba y me he ido a clase. Al exámen, con más dudas que Santo Tomás. Y nos da el exámen... por un momento, y porque lo veía de lejos, he creído que tenía el grosor de un cuadernillo Rubio y me ha entrado el tembleque y mis piernas buscaban el camino más corto para llegar hasta la ventana.

3 preguntas. 3 preguntas con unos cuantos apartados cada una... Belén Esteban hubiera sacado más nota en el examen que yo... pero de lo simple que es. Sin embargo, yo, donde la profesora ve una respuesta de 3 palabras, yo veo una megaconstrución. Y así pasa, que mucha paja y poco grano. (oyoyoy he dicho paja sin que los ojos me hicieran chiribitas, hurra). Solo espero que al corregir le eche la misma imaginación que le he echado yo a la hora de contestar.

Ahora me retiro, que el Diván se alquila por horas y no estámos como para derrochar. Voy a ponerme a Michel Bublé de fondo mientras decoro la habitación con renos y bolas rojas... Llega la estúpida navidad, sin haberme recuperado aún de las pasadas. Lo pasa mal mi cuerpo, que aún no ha encontrado turrones Suchard bajos en calorías, lo pasan mal mis oídos, que están hartos de escuchar los mismos villancicos y lo paso mal en general.... Si hay algo que odie más que la leche Celta son las navidades... pero ese es otro tema que trataré en la próxima consulta.



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